Cuando nos encontramos a la orilla de un mar, no podemos evitar preguntarnos qué ha sucedido en el planeta para que tantísima cantidad de agua se encuentre
acumulada ante nosotros. Hay diversos mecanismos para la generación de un mar aunque todos ellos están relacionados con la tectónica de la corteza terrestre, la capa más superficial y externa de nuestro planeta.

De una manera muy simplista, diremos que existen enormes fracturas de la corteza que se denominan dorsales (si ocurren bajo en el mar) o bien fallas transversales, si se dan en tierras emergidas. En ambos casos, asciende magma del interior de la Tierra que genera volcanes y la creación de nuevas rocas, al salir en forma de lava a la superficie.
Estos nuevos materiales, al enfriarse y volverse rígidos, van presionando sobre los dos lados de la fractura que antaño estaban unidos, separándolos y formando nueva corteza, más delgada. A esta etapa se le dice rift valley .
Aunque la distancia entre los dos bordes que se separan aumenta muy milímetros cada año, al final de miles de años la distancia es apreciable. Como la nueva corteza suele estar a menor altura que los dos extremos continentales separados, si al agua de un mar próximo irrumpe en este enorme escalón, se inunda. Al estar a menor altura que sus bordes, las aguas de lluvia tienden también a acumularse en esta depresión. Y ya tenemos un nuevo mar formado.
Si la actividad volcánica continúa, la separación entre los antiguos bordes de la fractura seguirá aumentando. Al salir el magma bajo el agua marina, estamos ante una dorsal, como se le llama a esta etapa. La corteza que se crea ahora es oceánica.
Llegará un momento en el que la fractura se enfríe y la lava que está en el conducto (o chimenea) solidifica, taponando la fractura. Al dejar de ascender magma, quedará formado un mar interior de extensión más o menos estable.

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